Tu aroma calimoso propagó el aliento
que antaño suturó mi herida.
Tras la marcha de un espíritu hambriento
regresaste y calcinaste mi huída.
Onírico e iluso fue el embelesamiento
cuando en ti despojé mi razón,
mientras dichosa yacía en el aposento
que juntos cubrimos en cohesión.
¿Vuelves para irte y abandonas,
cual miserable y escasa mi pasión,
los días furtivos que aun ambicionas
para convertirlos en fina adicción?
El frío ha congelado al ínfimo corazón,
y las pompas fúnebres celebran
el más dichoso cáliz de la abyección.
Regresas, te vas, y mis ánimas concelebran.
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