viernes, 5 de junio de 2009

EURÍDICE

La ninfa no imaginó que su rostro sería la puerta para el Hades. Entre las inmensas montañas y los verdes valles retozaba de vida, de gozo, de amor. “He de vivir amando”, se decía continuamente. Era dueña de su vida, y Orfeo de su corazón.
La serpiente trajo consigo la inevitable separación que el oráculo de Apolo tenía designada.
El Hades se convirtió en su hogar y la sombra en su alimento.
La dulce música fue el reflejo de su libertad ¿Libertad para amar en un mundo cruel; lleno de angustia y desesperación?
La dulce música ablandó el corazón de los demonios, pero la desesperación diluyó la hermosa figura de la ninfa.
“He de morir amando”. Y Eurídice se cobijó en el infierno.

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