viernes, 5 de junio de 2009

CALIDEZ

Ese frío que asfixiaba tu piel
recorría, cual oprobio, mi deidad.
Tu alma al infierno pudo sucumbir,
pero tu calor me tomó en alas de orfandad.

La mente ignora la prerrogativa inicial:
Tu figura, tu alma y tu pasión envolvieron
mi espíritu, mi voluntad, mi ansiedad.
El arsenal ha muerto y respira el frenesí.

Mi ufano sentido goza en el idilio
del manto más estremecedor de la noche.
Las flechas han dejado de resollar
y tu mirada se clavó en mi excitación.

Nuestra piel se abrasó en el lecho
y nuestras manos hurgaron lo profundo.
El tósigo de tu aliento, Sacra Psique,
calcinó el ímpetu y exhaló mi pasión.

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